
Mora frena créditos bancarios selectivos
Aumento de la mora fuerza a bancos y fintech a endurecer condiciones de crédito, priorizando clientes de alto perfil, quienes demuestran menor apetito por endeudarse.
El reciente endurecimiento de las condiciones de crédito por parte de instituciones bancarias y empresas fintech, impulsado por el alza en la mora, perfila un escenario de contracción crediticia selectiva. La estrategia de priorizar a clientes de mejor perfil crediticio, si bien busca mitigar riesgos, presenta una paradoja fundamental: son precisamente estos segmentos, generalmente más sólidos financieramente, quienes exhiben una menor propensión a asumir nuevas deudas en un contexto de incertidumbre económica.
Esta dinámica sugiere una proyección de menor volumen de colocaciones crediticias, incluso para los segmentos menos riesgosos. Los bancos, al restringir el acceso y exigir garantías más sólidas, pueden estar limitando inadvertidamente el flujo de crédito a sectores que, si bien son solventes, pueden optar por posponer inversiones o gastos que requieran financiación externa. A mediano plazo, esto podría traducirse en una desaceleración de la actividad económica, dado que el crédito es un motor clave para el consumo y la inversión.
Las fintech, por su parte, que históricamente han competido en agilidad y acceso, se ven obligadas a alinearse con las rigurosas políticas de riesgo de los bancos tradicionales. Esto podría erosionar su propuesta de valor y forzarlas a reevaluar sus modelos de negocio para diversificar fuentes de ingresos o enfocarse en nichos de mercado aún no saturados por la regulación o la adversidad económica.
La consecuencia inmediata es una competencia intensificada por un grupo reducido de prestatarios. Los bancos deberán refinar sus análisis de riesgo y desarrollar productos innovadores que atraigan a estos clientes de élite sin comprometer la solvencia. A largo plazo, si la mora persiste o se agudiza, podríamos presenciar una consolidación del sector financiero, con actores menos resilientes quedando fuera del mercado o siendo absorbidos. La clave estará en la capacidad de las entidades para adaptarse a un entorno de alta aversión al riesgo y demanda crediticia contenida.